Día 3: Sintra, Quinta da Regaleira espectacular!

A la mañana siguiente nos vamos a Sintra tras preparar a los peques, biberones para el dia, termos etc, a eso de las 12, para no variar, lo de madrugar para evitar colas y atascos ahora es imposible Guiño

Siendo Viernes Santo Google Maps ya nos indicaba que había retenciones considerables de media hora o más en Sintra, así que nos fuimos a sabiendas de lo que nos íbamos a encontrar….y, efectivamente, la aglomeración de coches y gente era bárbara, así que tras pasar unos 40′ de atasco pudimos pasar por el Centro histórico de Sintra y subiendo por donde la Quinta de la Regaleira, conseguimos aparcar a la sombra bajo unos arboles alrededor de los jardines del Palacio de Seteais, la verdad que no esperaba aparcar tan pronto viendo el barullo tan grande de coches que había.

Bajamos con el carro entre los coches ya que Sintra tampoco está hecha para andar con carro de bebé, y mucho menos un gemelar; como era ya casi la hora de comer y viendo las colas que había para entrar en la Quinta, decidimos esperar a ver si después de comer había menos cola, e intentamos sentarnos en la terraza de un bar llamado Estrada Bella, pero el camarero nos dijo que allí no podíamos estar con el carrito y nos echó con cajas destempladas! No quise líos pero lo pusimos a caer de un burro por payaso Pelea Seguimos bajando,con todas las terrazas llenas, y conseguimos sentarnos en la terraza del Café París pero tras ver los precios de la carta volvimos a recoger el tenderete y al final terminamos comiendo en el interior de otro bar cercano, tapando un poco al chihuahua, que iba bajo el carro, para que no se dieran cuenta de él.

Decir que el centro de Sintra estaba atestado de gente, menos mal que al venir mi suegro me ayudaba a subir y bajar el carro por las aceras bordillos etc. porque ya digo que no está en absoluto adaptado para personas con movilidad reducida y mucho menos para carritos de bebe gemelares. Tras comer, biberones a los peques etc y darle de comer a escondidas al chiguagua, subimos a la mística Quinta da Regaleira donde había otra cola considerable…. Trist una chica portuguesa super amable nos dijo que yendo con los bebés fuéramos directamente a la taquilla y no tener que esperar al sol; la verdad que fue un buen consejo porque nos ahorramos toda la cola y en taquilla enseguida nos vendieron las entradas..un diez para la gente. También nos dijeron que no se podía entrar con perros, así que haciendo el procedimiento habitual de tapar un poco al chiguagua, el guarda nos abrió la cadena y nos dejó pasar con el carrito (más el perro Guiño )

Recorrimos los estupendos jardines adornados con torres y palacetes hacia el espectacular Pozo de la Iniciación por el que bajé primero con mi mujer, mientras mis suegros descansaban arriba con el carrito, y alucinamos con ésta torre invertida, hasta llegar abajo (se supone que cada piso era una prueba iniciática para llegar a convertirte en Masón, y que estaba inspirado en los circulos del Infierno de Dante y su Divina Comedia)

Se sale por el túnel del ultimo piso hacia la zona de la cascada, pasando por encima de las piedras hasta el puente de piedra. Es un sitio espectacular y único, creo que me nos gustó más que el Palacio da Pena que vimos en la anterior ocasión, ésta vez nos conformaríamos con verlo por afuera, para que lo vieran mis suegros más que nada.

Después volví a bajar otra vez el pozo pero ésta vez con mis suegros, mientras mi mujer nos esperaba donde la Puerta de los Guardianes que es donde se accede por el túnel inferior; mis suegros también alucinaron tanto con el túnel como con el pozo, es algo único y digno de ver, la verdad, los jardines de la Quinta da Regaleira merecen la pena, más que el Palacio da Pena, sobre todo si vais con niños lo van a disfrutar mucho más.

Tras pasar aquí gran parte de la tarde fuimos a por los coches que estaban a la sombra y previo atasco, esta vez menor que a la llegada, conseguimos bajar y aparcar en la zona nueva de Sintra para tomar algo en una terraza y comprar algún souvenir que otro.

Después nos volvimos a Lisboa para aparcar en el piso, subir las cosas, cenar y descansar. Al final es inevitable cansarse y más con el empedrado de Lisboa y empujando un carrito por las cuestas.