LISBOA 2008

En esta ocasión soy yo la que decide el destino, siempre me ha gustado mucho el país vecino y hacía tiempo que tenía ganas de conocer Lisboa,  mi marido por el contrario no le convencía mucho el destino y en general Portugal nunca le había llamado mucho la atención hasta que comenzamos a ir… Lo hacemos en coche y en Semana Santa, ya que son los únicos días que el baloncesto, profesión en aquel entonces de mi marido, nos lo permite. Salimos de Oviedo a las once de la noche, después del entrenamiento de mi marido, ponemos rumbo a Ciudad Rodrigo (Salamanca), allí dormimos unas horas dentro del coche en un área de servicio y al amanecer retomamos el camino hacia Lisboa.

DÍA 1: hacemos parada para comer algo (llevábamos bocatas varios con nosotros)  y llegamos al hotel al mediodía. Es un Nh situado en la zona de la Exposición Universal del 98, en la Zona del Parque de las Naciones con la Torre Vasco de Gama, nos costó unos 70 euros la noche y estaba realmente bien, teniendo en cuenta que el hotel nunca es nuestra prioridad…

La Torre Vasco de Gama con sus 145 metros de altura.

El tiempo en este primer día no nos acompaña, llueve, hace viento y el día está muy desagradable. Visitamos primero el Parque de las Naciones, lugar dónde se celebró la Expo 98, nos hacemos una foto con su antigua mascota “Gil” (creada por el pintor Antonio Modesto y el escultor Artur Moreira, seleccionado entre 309 propuestas y llamado Gil, en honor a Gil Eanes), que curiosamente se llama igual que mi amigo de la infancia.

GIL

De ahí nos vamos a ver el Monumento a los Descubridores y a pasear por la Avenida de Brasilia; la Torre de Belén y sus famosos pasteles los dejamos para otro día, ya que estamos muy cansados del viaje, sobretodo Héctor que ha sido el encargado de conducir.

DÍA 2: hoy toca visitar el centro, comenzamos en la Plaza del Comercio y vamos subiendo por la Rua Augusta disfrutando de  su tradicional casco histórico y del ambiente que allí se respira. Una mezcla de tiendas de ropa  y de recuerdos, puestos ambulantes, cafés, bares y restaurantes con terrazas repletas de gente. 

Después de un tranquilo paseo cogemos el tranvía que nos subiría a la Catedral y el Castillo de san Jorge, con extraordinarias vistas de Lisboa desde lo alto.

A la bajada comemos en la terraza de una cafetería un plato combinado (al lado se sientan unas señoras mayores que resultan ser de Grado, el pueblo de mi suegro) y después entramos en algunas de las tiendas; además de los clásicos recuerdos me compro unos zapatos de tacón en una de las zapaterías de la calle principal, el domingo es el bautizo del sobrino y aún no tengo modelito que ponerme, el precio fue de unos 20 euros.

Por la tarde cogemos el coche para visitar el Cristo Rey y disfrutar de unas fantásticas vistas de la ciudad y del Puente 25 de Abril (Héctor paga y sube en el ascensor, desde arriba las vistas son aun mejores).

Puente 25 de Abril

De aquí nos dirigimos al Parque de las Naciones para terminar el día subiendo  a 30 metros de altura sobre el río Tajo en el Teleférico de la Estación del Norte. Un recorrido que por 6 euros ida y vuelta bien  merece la pena.

El Puente Vasco de Gama, con sus 12 Kms de longitud, al fondo.

DÍA 3: Nos levantamos temprano y nos vamos en coche a visitar la preciosa ciudad de Sintra situada a las afueras de Lisboa y a solo 30 minutos en coche. Esta pequeña localidad merece un día entero para visitar su precioso casco histórico y el Castillo Da Pena. Este último declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995. Subimos y lo visitamos por dentro, es realmente bonito, tiene hasta el mínimo detalle, aperos de cocina, camas y todo tipo de mobiliario, la entrada nos costó 9 euros por persona.

Comer en Sintra es complicado, es un sitio muy turístico, las terrazas están llenas y los precios son bastante caros, así que optamos por llevar unos bocatas y comerlos en un banco sentados. A la vuelta nos  vamos de compras al Colombo Shopping Center, el centro comercial más grande de la Península Ibérica. A pesar de las múltiples tiendas recurro a lo de siempre y me compro una blusa en Zara, a juego con los zapatos del día anterior. Cenamos por allí y nos volvemos al hotel temprano que al día siguiente toca regresar a casa.

DÍA 4: antes de regresar a tiempo para el bautizo queremos aprovechar un poco la mañana. Madrugamos y nos vamos  a ver la Torre de Belén, el Monumento a los Descubridores con la Rosa de los Vientos en el suelo.

Caminamos hasta el Monasterio de Los Jerónimos y llegamos hasta la famosa pastelería de Belem donde mi marido se cuela, como suele ser habitual, para coger sus tradicionales pasteles de crema y canela. Están deliciosos, pero os tengo que confesar que años después viajaría de nuevo a Lisboa y descubría los del Lidl, más baratos e igual de ricos…

Después de dar un último paseo por esta zona ponemos rumbo de nuevo hacia nuestra querida Asturias. Mi marido que al principio se había mostrado  reacio a hacer este viaje, se marcha encantado y cautivado por el país vecino.